Comentar 15 ABRIL 2013

Máxima de Holanda, en busca de tiara

El tesoro real custodia numerosas diademas entre las que la Princesa de Orange escogerá para la ceremonia de coronación

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Para el futuro soberano está todo escrito. No hay espacio en el manual del protocolo para notas al margen a la improvisación o a la originalidad. La tradición así lo dicta en la solemne ceremonia de investidura y Su Majestad cumplirá sin saltarse el más nimio pormenor de la etiqueta: llevará un frac, con chaleco blanco, en lugar de chaqué o del traje de chaqueta menos formal, así como, sobre sus hombros, el manto real de armiño que la reina Beatriz llevara en 1980 en su coronación, una copia del original de 1815 que se usó durante la entronización de Guillermo I.

Para la nueva reina, el capítulo está en blanco. No hay referencias escritas: usos y costumbres. Porque el antecedente es tan antiguo que nadie conserva recuerdo alguno. La última reina consorte de los Países Bajos presente en la entronización de su marido fue la primera esposa de Guillermo III, la reina Sofía, allá en 1849. Y porque en los tres reinados siguientes, eran ellas, las reinas Guillermina, Juliana y Beatriz, las nuevas soberanas y su puesta en escena giraba en torno al majestuoso manto. La reina Beatriz escogió un aderezo sencillo de perlas y diamantes: un conjunto de diadema, collar, pendientes y broche; la reina Juliana cambió la tiara por una redecilla especialmente creada para la ocasión y lució un adorno de rubíes y diamantes de finales del siglo XIX de varias piezas (pendientes, broche y collar) de la colección real; solo la reina Guillermina hizo del tradicional ritual uno más sofisticado coronándose con el conjunto de joyas más majestuoso del tesoro real holandés, y tal vez de todos los tesoros reales de Europa, el aderezo de diamantes de Stuart.

La piedra protagonista, un diamante de 36 quilates de la India, llega a los Países Bajos a finales del siglo XVII a través del gobernador Guillermo de Orange y de su esposa, la princesa Mary. La gema es considerada como una joya de la dinastía de Orange y se la conoce con el nombre de Stuart en recuerdo a la primera reina que la llevó. La reina Emma, segunda esposa de Guillermo III, el último Rey de Holanda, y madre de la futura reina Guillermina, es la primera que lo lleva en público en 150 años poco después de su matrimonio con el soberano en 1879. Y tras ella, su hija, la reina Guillermina, que con el fin de dar más solemnidad a su coronación, se decide por un majestuoso adorno, compuesto por los 900 diamantes más bellos del cofre y por el Stuart como piedra central. Y se los pondrá en más de una ocasión. Su hija y sucesora, la reina Juliana, madre de la reina Beatriz, también los lució muchas veces. Hoy llevan cerca de 50 años sin salir de los joyeros de palacio: demasiado pesados para Beatriz de Holanda.

 

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La reina Máxima podría decidirse por ellos para la Coronación teniendo en cuenta su inclinación por las grandes joyas. Pero quedan otras opciones. La futura reina Máxima nunca ha llevado dos diademas muy apreciadas de la reina Beatriz. La primera tiara, de perlas y diamantes, es de gran valor sentimental para la actual soberana: la llevó en su enlace con Claus von Armsberg el 10 de marzo de 1966. La segunda, de diamantes y zafiros, es una creación muy vistosa de la casa Mellerio y el joyero parisino Oscar Massin, que data de finales del siglo XIX. Y una razón de mayor peso es a fin de cuentas el gusto personal de la futura reina Máxima. Parece que aprecia particularmente los diamantes, también las perlas que luce con frecuencia. Pero tiaras tan majestuosas como la Stuart y ocasiones más apropiadas para lucirla serán difíciles de encontrar. O no tanto.

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