Comentar 25 FEBRERO 2013

El triunfo de Máxima: del recelo al fervor popular

Hoy la Princesa de Orange es el miembro más querido de la Familia Real de Holanda, pero antes de ascender definitivamente al trono de la popularidad tuvo que derribar prejuicios en los difíciles principios a golpe de carisma, de sonrisa generosa

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Quién iba a decir hace una década que del recelo al fervor popular sólo había una sonrisa: la de Máxima de Holanda. La Princesa de Orange se convertirá el próximo 30 de abril en aclamada Reina de los Países Bajos y, entre vítores, aplausos y ovaciones, cuando salude orgullosa desde el balcón de Palacio a sus entusiastas conciudadanos, tal vez acuda al ojo una lágrima de emoción, pero también recordatoria de otras. Porque no siempre resultó fácil.

Tradición y futuro se unen el 2 de febrero de 2002 en la Boda Real del príncipe Guillermo Alejandro, Heredero de los Países Bajos, con Máxima Zorreguieta. Las lágrimas asoman y ella intenta reprimirlas con un delicado gesto. El halo de tristeza tiene fácil explicación: sus padres son los grandes ausentes de la multitudinaria ceremonia nupcial que reúne a reyes, reinas, príncipes y princesas. Una concesión a la opinión pública, indignada tras conocer que la prometida del futuro Rey es la hija de un antiguo ministro de Agricultura durante la dictadura de Videla. Pero el príncipe Guillermo Alejandro no cede a la presión. Está seguro de su amor y dispuesto a pagar cualquier precio, incluso el trono si fuera necesario. Máxima es la mujer de su vida. Lo supo desde el primer momento, desde que se conocieron a través de unos amigos en la Feria de Sevilla en otoño de 1999.

Nada parecía predestinarlos. Máxima es de otro continente, de otra cultura y de otro círculo. Los Zorreguieta son una familia de origen vasco que desembarcó en Argentina hacia 1790, si bien su relación con la política es muy posterior. Casi dos siglos. A partir de 1976, Jorge Zorreguieta entra en el gabinete de Gobierno de la dictadura del general Videla como secretario de Estado de Agricultura. Argentina vive terribles momentos, pero tras los muros de la residencia familiar, los quejidos del país apenas se perciben y, como cualquier niña de su edad, Máxima continúa su vida de estudiante. Y pronto comienza a participar en labores humanitarias, desarrollando verdadera empatía hacia los más débiles, los más desfavorecidos, los mayores, los discapacitados... Con pintas de colegiala, aprende a escuchar y consolar como una verdadera princesa.


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Petición de mano con champán y rosas
Tras finalizar sus estudios secundarios, se matricula en la Universidad Católica de Buenos Aires donde se gradúa en Economía. No mucho después se marcha a trabajar a Nueva York. Allí coincide con dos amigas de colegio, Tristana Maccio y Victoria Moorthorn, que se convierten en sus cómplices cuando comienza a salir con el Príncipe organizándoles a los enamorados sus citas secretas. Porque no hay escapatoria de Cupido: después de aquel primer encuentro en Sevilla, el Príncipe de Orange la bombardea a llamadas. Y tres semanas después se planta en Nueva York suspendiendo un compromiso oficial para verla.

En verano, la Familia Real la recibe en su residencia de vacaciones de la Toscana. La reina Beatriz la somete a un verdadero examen preparándola para una acogida más que reservada por parte de los holandeses debido al pasado de su padre. Como así fue. El diputado Jan Van Walsen del partido liberal lidera abiertamente la cruzada contra el futuro matrimonio: "La Familia Real debe encarnar el símbolo de nuestra nación. ¿Cómo Máxima, cuyo padre está implicado en la desaparición de treinta mil personas, puede hacerse nuestra Reina? No podemos aceptarlo, sabiendo que su padre no expresó el menor remordimiento". El príncipe Guillermo Alejandro no vacila y plantea su renuncia a sus derechos al trono si se le niega a casarse con Máxima. La prensa holandesa baraja una alternativa: el príncipe Constantino, el hijo menor de la Reina, repentinamente un dechado de virtudes. Haciendo oídos sordos a las amenazas y sin esperar la aprobación del Parlamento, el príncipe Guillermo le pide matrimonio en una pista de patinaje, con rosas y champán.

Un órdago que se resuelve con éxito el 30 de marzo de 2001. La Reina, en presencia del Primer Ministro de los Países Bajos, anuncia solemnemente el compromiso de la pareja. El amor triunfa. El afecto popular está aún por verse... pero pronto se inclina la balanza a su favor. Su naturalidad, su manera de comunicarse, los gestos de amor de la pareja durante toda su boda consiguen que Máxima se gane el cariño de sus ciudadanos y de la Familia Real. El entusiasmo se multiplica, más si cabe, cuando, el 7 de diciembre de 2003, da a una Heredera para el trono, la princesa Catharina-Amalia. El fervor popular sigue in crescendo a cotas históricas con la llegada de sus hijas pequeñas, la princesas Alexia y Ariane; con su papel como embajadora de Buena Voluntad de la ONU; con su apoyo en los viajes de Estado como acompañante de la Reina; con su entrega y dinamismo. Y es que, al fin y al cabo, Máxima ha reinado antes incluso de llevar el título.


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