Comentar 21 JULIO 2013

Felipe de Brabante ya es séptimo Rey de los belgas

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Hoy comienza a escribirse una nueva página de la historia de la monarquía belga con la ceremonia de investidura de Felipe de Brabante como nuevo monarca. A las 11:30 horas siguiendo puntualmente el programa oficial se abre la Sesión de las Cámaras Reunidas y 150 congresistas y 71 senadores ocupan sus asientos. El ceremonial transcurre lento, pero sin pausa en el Palacio de la Nación de Bruselas. Los Presidentes del Congreso y del Senado leen el Acta de Abdicación y, a continuación, reciben a la Familia Real belga en el peristilo del Parlamento Federal. Primero a los soberanos salientes, los reyes Alberto y Paola, más relajados después de dar el decisivo paso de su renuncia al trono; luego a la nueva Heredera de los belgas, la princesa Elisabeth, preciosa para la histórica ocasión con un vestido de Natan rojo, que hace entrada de la mano de sus hermanos, los príncipes Gabriel y Emmanuel, también muy elegantes de traje azul marino, y la princesa Eléonore, igualmente vestida de rojo, uno de los colores nacionales, y seguidamente a la princesa Astrid con su esposo, el archiduque Lorenz de Austria, y al príncipe Laurent y su esposa, la princesa Claire, que hacen su entrada todos muy sonrientes y felices por el relevo.

Los nuevos Reyes, los protagonistas de la ceremonia, no han llegado, pero ya han puesto rumbo hacia el Palacio de la Nación en el mismo vehículo que utilizaron en su boda el 4 de diciembre de 1999, un Mercedes Pullman 600 Landaulet con la parte posterior descapotada, extraordinario modelo de 6 metros de largo, en el que de camino a su nueva vida saludan a los belgas que agitan con orgullo las banderas nacionales a su paso. Irrumpen en el Palacio muy sonrientes y, a primera vista (sólo a primera), tranquilos. La nueva soberana recibe el tradicional ramo de flores a su llegada y, como el resto de los miembros de la Familia Real, toma la escalera del Senado, tal y como indica la tradición, para ocupar su lugar en el Salón de los Tapices. Cuando una vez en su asiento se reencuentra con los Reyes salientes, no puede evitar emocionarse y pestañea una y otra vez para evitar derramar las lágrimas que la amenazan con salir durante el transcurso de la ceremonia. Por su parte, el rey Felipe, escoltado por los miembros del Gobierno, sube por la escalera del Congreso en dirección a la Sala de la Conferencia.

 

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Llega el momento esperado. Un guardia del parlamento anuncia la entrada del nuevo Rey en tres idiomas: De Koning, Le Roi, Der König. Y el rey Felipe, vestido de gala con el uniforme de General de la Armada, accede al hemiciclo ante los aplausos de los presentes que le dan la bienvenida de pie y la mirada de los suyos: de orgullo de su esposa, la reina Matilde; de confianza de sus padres, los reyes Alberto y Paola, y de admiración de sus cuatro hijos. El Presidente de la Cámara abre la ceremonia con un breve discurso en el que ha recordado la coronación de Alberto II: "No olvidamos hoy que hace dos décadas, cuando nuestra nación se encontraba de luto, Alberto II juró aquí su cargo". A continuación, ha deseado al rey Alberto lo mejor para el futuro y ha invitado al rey Felipe a jurar como Rey.

Oficialmente el nuevo monarca no es coronado sino investido. Sin manto real, ni cetro, ni espada, a diferencia del rey Guillermo Alejandro de Holanda el pasado abril, jura su nuevo cargo como séptimo Rey de los belgas en las tres lenguas oficiales de Bélgica (flamenco, francés y alemán): "Juro que cumpliré con la Constitución y las leyes del pueblo de Bélgica y que mantendré la independencia de la nación y la integridad del territorio nacional". Eso sí, durante apenas unos minutos tras la jura, el nuevo Soberano se ha sentado en un trono, que hoy se ha utilizado por tercera vez en la historia, ya que el original fue destruido por un incendio. El trono es una réplica del diseñado para Leopoldo I y destaca por su gran tamaño, habida cuenta de que el primer Soberano de los belgas era un hombre de gran estatura y corpulencia. De hecho el rey Alberto suele mencionar como anécdota que en el momento de su investidura como Rey tuvo dificultades para poder sentarse en el trono por su gran tamaño.

 

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Felipe de los belgas ha comenzado su primer discurso como Rey agradeciendo a sus padres por su reinado y a su esposa, la reina Matilde, de quien ha destacado su "natural talento para el contacto con la gente". El Rey ha animado a todos aquellos a los que la crisis económica afecta en Bélgica a "resistir", desde la certeza del apoyo de los nuevos Soberanos. El rey Felipe ha alabado la pluralidad de Bélgica y se ha comprometido a buscar el equilibrio entre la unidad nacional y la expresión de las diferencias de las tres comunidades que forman Bélgica. Para ello no cejará en establecer "contacto constructivo" con todas las fuerzas políticas y sociales del país. "Señoras y señores, con total confianza y esperanza en mi nación y en los ciudadanos que la forman, comienzo mi tarea. Tanto en Bélgica como en el extranjero destacaré todo aquello que nos une. ¡Viva Bélgica!", ha finalizado el nuevo Rey de los belgas. Los aplausos inundan todo el hemiciclo.

A las palabras del nuevo Rey, les suceden las de la Presidenta del Senado y la última parte del ritual. Pero la solemnidad del acto hace sitio también a espontáneos momentos fuera del ceremonial protagonizados por los niños. Los mayores controlan a los más pequeños que se muestran más inquietos, pero con todo el rey Alberto les tiene que llamar al orden en alguna que otra ocasión y pedir silencio. No por mucho tiempo: se acerca el final. El ensemble de la Marina toca el himno nacional y el himno europeo. Y, alrededor de las 12:30 horas, el rey Felipe abandona el hemiciclo acompañado del Presidente de la Cámara, mientras que la Presidenta del Senado clausurar la sesión. La Familia Real y la reina Matilde abandonan el hemiciclo a través del Salón de los Tapices y se dirigen al peristilo por la escalera de honor del Senado. De nuevo juntos, el rey Felipe y la reina Matilde firman el Libro de honor del Congreso y del Senado. Entonces, los Reyes y la Familia Real saludan a los parlamentarios y salen acompañados por los Presidentes del Congreso y Senado hasta llegar a la Plaza de la Nación. El primer oficial de la Escolta Real saluda al nuevo Rey. El monarca pasa brevemente revista a la Escolta, mientras que el ensemble de la Marina toca música en la plaza. 101 salvas se disparan desde el Parque Jubel y el reino estalla en vítores, felicitaciones y redobles de campanas.

La investidura ha dado paso al tradicional programa de actos con motivo de la Fiesta del Rey, que por primera vez preside el rey Felipe. Ya convertido en el séptimo Rey de los belgas, el nuevo Soberano, con cuatro estrellas sobre sus hombros, en vez de las tres habituales, ha estrenado su reinado saludando a los belgas desde el balcón del Palacio Real de Bruselas junto a la Familia Real. A las dos y diez de la tarde el rey Felipe ha visitado la Tumba al Soldado Desconocido, situada bajo la llamada Columna del Congreso de Bruselas. Esta columna, de 47 metros de altura, fue erigida entre 1850 y 1857 por el arquitecto Jozef Poelaert. Sus cuatro esquinas representan los pilares de la nación belga: la libertad de educación, la libertad de prensa, la libertad de reunión y la libertad de confesión. En la parte superior de la columna se encuentra una escultura de Leopoldo I y, desde 1922, en la parte inferior la Tumba al Soldado Desconocido donde el nuevo Rey ha depositado una corona de flores.

 

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PALACIO DE LA NACIÓN
El Palacio de la Nación de Bruselas es la sede del Parlamento Federal de Bélgica, tanto de la Cámara de Representantes o Congreso como del Senado. La historia del Palacio de la Nación se remonta a 1779, cuando fue encargado construir por María Teresa de Austria. El responsable del diseño del edificio, de estilo clasicista, fue Barnabé Guimard. En un primer momento el palacio fue la sede del Consejo Soberano de Brabante. En 1820 el edificio fue víctima de un grave incendio que hizo que tuviera que ser reconstruido. Tras la independencia pasaría a ser el edificio del Congreso Nacional, que derivaría en el actual parlamento. En 1883 un nuevo incendio devastaría el palacio, perdiéndose con él objetos históricos, como la constitución original con la que naciera el estado belga. El actual edificio es responsabilidad del arquitecto Hendrik Beyaert.







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